HISTORIA DE CONFLICTO Y RESISTENCIA RELIGIOSA
La orden religiosa Franciscana
recorrió gran parte de la Nueva España evangelizando; sin embargo, en
determinado momento la cantidad de frailes franciscanos no alcanzó a cubrir todas las regiones, y esto
generó ciertos problemas como el que a continuación narramos:
Corría el año de 1557, al pueblo de San Juan Teotihuacan llegaban frailes
Agustinos, orden que había construido su monasterio en el pueblo de Acolman. Los agustinos, aprovechando la escasez
de frailes franciscanos, solicitaron hacerse cargo de evangelizar a la
población de San Juan.
Los pobladores de San Juan, al enterarse de la llegada de frailes agustinos,
se opusieron rotundamente, argumentando que los Agustinos acostumbraban grandes
lujos, ejemplo de ello, el monasterio de Acolman; pensaban que la orden
agustina generaría gastos fuertes para el pueblo; además, se declaraban fieles
seguidores de la orden Franciscana, a quienes catalogaban como sus primeros
padres en la fe católica.
El descontento por la presencia de Agustinos en San Juan, llevó a los
representantes del pueblo a manifestar su inconformidad ante las autoridades
eclesiásticas de la Nueva España, teniendo como respuesta un rotundo rechazo,
bajo el argumento de que no había suficientes frailes franciscanos.
El problema fue aumentando, al grado de que a los frailes agustinos no se
les abrían las puertas de la Iglesia, no recibían ningún apoyo del pueblo, y
nadie acudía a sus misas, acciones que evidenciaban el rechazo hacía ellos.
Las personas que se oponían al mandato de aceptar a la orden agustina fueron
reprimidas; Francisco Verdugo Quetzalmamalitzin Uetzin, originario de San Juan,
encabezó la decisión de salir del pueblo, abandonarlo y dejar solos a los
frailes agustinos; su destino temporal fue el pueblo de Santa María Coatlan, en
donde aguardaron con cautela, mientras tanto, acudían a oír misa al pueblo de
Otumba.
El Virrey, al saber el lugar en donde estaban los pobladores de San Juan que
se negaban a aceptar la orden agustina, mandó a reprimirlos una vez más, dando
la orden de capturar a Francisco Verdugo Quetzalmamalatzin Uetzin, líder del
pueblo.
La noticia llegó a oídos de Francisco, quien seguido por la gente de su
pueblo, salieron huyendo el tres de febrero a las 10 de la noche. Un año duró
este suplicio, en el que murieron setenta adultos, y veinte niños sin bautizar.
Cansados de esta situación, el pueblo organizado mandó su rechazo a la orden
agustina y su petición a que fueran frailes franciscanos los que enseñaran la
palabra de dios en San Juan Teotihuacan a la Corona Española, por medio del
relator Hernando Herrera, quien poco tiempo después regresó con una cédula de
Su Majestad, en donde aceptaban la petición de los pobladores, indicándoles que
eran libres de elegir la orden religiosa, y que si ellos pedían ser doctrinados
por las frailes franciscanos, así sería.
Con esta respuesta, el pueblo acudió a la capital, en donde se manifestaron
frente al Virrey y la Audiencia, reclamando los agravios que sufrieron; el
Virrey no tuvo otra opción que aceptar su error y envío un perdón a todas las
personas de San Juan Teotihuacan, en especial a su líder Francisco Verdugo
Quetzalmamalatzin Uetzin.
Dos años duró el conflicto, en el que al final, las personas de San Juan
Teotihuacan recibieron a frailes franciscanos; fue tanta su alegría, que
olvidaron todos los agravios que sufrieron antes del júbilo alcanzado.
Fuente:
*Cartas de Religiosos de Nueva España 1539-1594. Editorial: Salvador Chávez
Hayhoe. México D.F. 1941. Pág. 85-90.
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