CULMINA LA SEXTA EDICIÓN DE LA MESA REDONDA CON TEMAS QUE LLEVAN A LA REFLEXIÓN.

Durante el último día de la “Sexta mesa redonda de Teotihuacán” se abordaron  temas relacionados con la vinculación social. No era un tema sencillo, puesto que la brecha entre institución y población dificulta encontrar puntos de acuerdo en los que se establezcan mecanismos de contribución.

Frente a los asistentes se presentaron las dos caras de la arqueología mexicana: la primera representada por jóvenes arqueólogos y sociólogos que han entendido que la arqueología no puede ni debe seguir actuando de manera pasiva ante las exigencias de una sociedad que pide ser escuchada en temas referentes al patrimonio cultural; por otro lado, fuimos testigos de cómo es el actuar de especialistas que han cedido ante los intereses mercantiles que definen las políticas culturales en el país.

Jaime Delgado Rubio, Dulce Anahí Juárez Rivero, Juan José Guerrero García, Macrina Cid Ramírez, y Rodolfo Esteban García, son el equipo de trabajo que ha logrado crear proyectos de vinculación con niños, jóvenes y adultos de Teotihuacán, con una visión distinta a la que tienen los ya consolidados especialistas. Resaltar el proyecto “Arqueólogos en apuros”, un trabajo en el que los principales actores son niños que tienen la oportunidad de expresar sus inquietudes relacionadas al patrimonio arqueológico de Teotihuacán, y ser ellos mismos los encargados de responderlas, apoyados por el equipo que encabeza Delgado Rubio.

Las ponencias referentes al vínculo social se dieron por terminadas con la presentación de tres especialistas en operación de sitios arqueológicos. Guadalupe Espinosa Rodríguez, Dayanara Carrasco Yépez y Luis Antonio Huitrón Santoyo, fueron los encargados de legitimar un espectáculo que generó controversias, pero que al final se ha impuesto. A partir de hoy, será aún más difícil evitar el uso de espacios culturales con fines ajenos a su sentido original. Lo más preocupante es que las voces autorizadas -por contar con el conocimiento suficiente en la materia- para cuestionar estas posturas, no se hicieron escuchar.


Termino con lo siguiente: la socióloga Dulce Anahí Juárez Rivero, tocó un punto importante “el uso mercantil y comercial de expresiones culturales es lo que realmente está afectando la identidad de  pueblos originarios”, y puso como ejemplo la usanza desmedida que ahora se le da a la danza prehispánica. Por lo tanto, el uso mercantil y comercial del patrimonio arqueológico, como expresión cultural de  antiguos pobladores, no es la mejor forma de difundirlo, como se quiere hacer pensar, sino que hay formas de lograr dar a conocer este patrimonio desde perspectivas que realmente incorporen a cada  sector de la sociedad, y sobretodo que no se modifique el sentido de los espacios culturales. El proyecto “Arqueólogos en apuros” es una muestra de lo que se puede hacer sin necesidad de grandes inversiones, pero sí con el entusiasmo de hacer algo en donde la sociedad -en esta caso la población del Valle de Teotihuacán- se sienta parte de los proyectos que genera el INAH y el sitio arqueológico.  

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